S.O.Y

Dijiste que vendrías

mas fueron tus ojos verdes

los que desaparecieron dentro de mi abrazo

Desteñidos los cielos

El verde azul profundo que me atrapa

Sin poder respirar me engulle el viento

y siento que, en el café de esta tarde,

me hundo sin motivo,

desaparezco entera- oscuro el aire-

como azúcar que endulza el amargor de la vida en tus labios

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Tres y nadie

Me siento. Vigilo. Un espejo frío que esconde una historia.

El zorro que acecha y se descontrola, con ciertos momentos de pompa y de gloria. El pelaje sano, de un zahíno intenso, los ojos perdidos en el firmamento.

Me quema la vida, la luz nos separa.

Y aquella mujer que baja del coche y se encuentra sola, buscando el sonido de nuestra avenida que no reconoce.

El tiempo se para. Y yo no te miro. La mujer sonríe al espejo blanco, tragada su imagen en mis hoces, verde su escultura bajo el viejo bronce.

Efluvios mojados que ambos compartimos. La ira desbocada, las piernas abiertas, el beso en la boca de un libro sin letras, de un campo sin frío, de un sexo consciente.

Recuerdo ese día, esa imagen que derrite mi cerebro, ese trío  que ya no existe.

Vuelvo a mirar por el espejo, retrovisor empañado del pasado. El zorro, la estatua y nadie. La calle vacía.

Desnuda, yo vuelvo a ser esa nadie. 

Poesía del silencio

Es el bocado ansioso de la duda

y, entonces, tu mirada llega y yo callo

Porque el silencio duele

Y no es poesía, o quizás sí

El silencio sin palabras

O tu risa sin sentido

O las palabras que matan al silencio

Las palabras -ésas-, las que a mí me matan

Esas palabras ásperas e hirientes

Y esa risa que no cuadra

Y luego tu silencio que yo ya conocía

Un futuro que no llega

Un muerto que nunca muere

Quizás volvieras- decía

Quizás no- sabía

Quizás no fuera quizás una palabra

M.E.L.

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Me sentaría enfrente tuya,
en un café cualquiera que encontrara.

Me acercaría y, sin mirarte,
quisiera decirte:

Eres lo peor que me ha pasado nunca.

Por si así me lo creo.

Sin embargo, no es cierto.

Lo peor es que no me quisieras
y que hicieras esa coraza impenetrable
sobre una charla que no compartimos.

Lo peor es que yo te quisiera.

Me escupirías, lo sé, o sería tu reacción inexplicable.
Igual sonríes. Igual nada.
Contigo es siempre nada.
Y yo,  volver a mi silencio que me espanta.

En vez de eso, te encuentro,
por casualidad, en un mercado.
Y me vuelvo, y corro, y me pierdo.

Me alejo de ese mundo que tú escondes contigo.
Y luego sueño y saboreo mi huida,
amarga, café amargo.

Me hubiera gustado hablarte. Y no tener que decírtelo.
Sólo hablarte en mi silencio y en tu nada.