M.E.L.

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Me sentaría enfrente tuya,
en un café cualquiera que encontrara.

Me acercaría y, sin mirarte,
quisiera decirte:

Eres lo peor que me ha pasado nunca.

Por si así me lo creo.

Sin embargo, no es cierto.

Lo peor es que no me quisieras
y que hicieras esa coraza impenetrable
sobre una charla que no compartimos.

Lo peor es que yo te quisiera.

Me escupirías, lo sé, o sería tu reacción inexplicable.
Igual sonríes. Igual nada.
Contigo es siempre nada.
Y yo,  volver a mi silencio que me espanta.

En vez de eso, te encuentro,
por casualidad, en un mercado.
Y me vuelvo, y corro, y me pierdo.

Me alejo de ese mundo que tú escondes contigo.
Y luego sueño y saboreo mi huida,
amarga, café amargo.

Me hubiera gustado hablarte. Y no tener que decírtelo.
Sólo hablarte en mi silencio y en tu nada.

Un poema al día

Para anclar mis alas al suelo, y que sólo vuelen cuando deben. Que se ordene mi vida y la poesía no aparezca sólo en sueños. Y en homenaje a esas almas que me velan, y a las que se fueron pronto. Para conocerlas y conocerme. Para hacer latir al alma. La mía y quizás la tuya. Amar y dejarse amar, esa es la cuestión.